Aristóteles, Política (1253a):

"Según esto es, pues, evidente, que la ciudad-estado es una cosa natural y que el hombre es por naturaleza un animal político o social; [....] Y la razón por la que el hombre es un animal político (zôon politikón) en mayor grado que cualquier abeja o cualquier animal gregario es evidente. La naturaleza, en efecto, según decimos, no hace nada sin un fin determinado; y el hombre es el único entre los animales que posee el don del lenguaje. La simple voz, es verdad, puede indicar pena y placer y, por tanto, la poseen también los demás animales -ya que su naturaleza se ha desarrollado hasta el punto de tener sensaciones de lo que es penoso o agradable y de poder significar esto los unos a los otros-; pero el lenguaje tiene el fin de indicar lo provechoso y lo nocivo y, por consiguiente, también lo justo y lo injusto, ya que es particular propiedad del hombre, que lo distingue de los demás animales, el ser el único que tiene la percepción del bien y del mal, de lo justo y lo injusto y de las demás cualidades morales, y es la comunidad y participación en estas cosas lo que hace una familia y una ciudad-estado."

sábado 4 de julio de 2009

Entre rojos anda el juego



Erik Thorvaldsson, llamado "el Rojo" por el color de su pelo, fue un navegante noruego de finales del S. X, establecido en Islandia, entonces recientemente descubierta y colonizada. Como tantos otros de su tiempo huía de la justicia noruega o de los malas intenciones del despótico rey Harald. Pero la historia se repitió y Erik salió de Islandia por problemas legales. Arribó a las costas de una isla enorme, que creyó deshabitada, y a la que llamó Groenlandia, "isla verde", con la idea de atraer colonos desde Islandia ("isla de hielo"). Su hijo Leifr Eriksson salió desde Groenlandia años después y exploró y visitó tierras de América del Norte (Labrador, Terranova, incluso Nueva Inglaterra), a las que llamó Vinland ("tierra del vino"), pero donde no pudieron asentarse de modo estable por la hostilidad de los nativos.

En cambio, en Groenlandia probablemente hacía siglos ya que se había extinguido la cultura Dorset tardía, un pueblo pescador de origen americano que había florecido en torno al cambio de era fundamentalmente en el noroeste de la isla, muy lejos de los puntos meridionales a los que llegaron los islandeses. En cualquier caso, si los Dorset o sus descendientes seguían en Groenlandia, no tuvieron contacto con los nórdicos. Como tampoco inicialmente los inuit o esquimales, pues estos ocuparon la costa occidental más de doscientos años después de la llegada de Erik el Rojo. Los inuit son hoy la única población considerada "nativa" de Groenlandia. No hay ni rastro de los Dorset.

En cuanto a la colonia de Erik, en su periodo álgido llegó a alcanzar entre 3.000 y 5.000 habitantes, en dos asentamientos: el más grande era el Asentamiento Oriental (Eystribyggd), donde se hallaba la residencia de Erik; el otro era el Asentamiento Occidental (Vestribyggd). La ocupación del territorio se efectuó por medio de granjas, como aún hoy en Islandia, de las cuales había unas 400 aproximadamente. Barcos comerciales viajaban cada año a Groenlandia desde Islandia, y ocasionalmente desde Noruega.

Hacia 1430, más o menos, deja de haber datos históricos de los nórdicos groenlandeses. La falta de madera en Islandia y los rigores del clima, con la "pequeña Edad de Hielo" del medievo, hicieron progresivamente más y más difícil la navegación por el Atlántico norte y con ello el comercio se resintió gravemente. En el siglo XVIII, trescientos años más tarde, trescientos años después del último contacto, un misionero noruego (Hans Egede) navegó a Groenlandia para "convertir" al protestantismo a sus primos groenlandeses. Pero no había nadie en casa.

Nunca sabremos qué pasó, pero de las distintas colonias levantadas por Erik el Rojo y sus descendientes, no quedaba nada. No quedaba nadie. Uno se puede poner en la piel de una familia tipo en una granja azotada por inviernos cada año más duros, sin noticias del exterior, desesperados por sobrevivir y atrapados por los hielos, sin poder salir. O de las pocas familias de las dos poblaciones un poco mayores, probablemente acosados por los inuit, o simplemente sin poder competir con ellos en el aprovechamiento de los escasos recursos o aniquilados por las enfermedades. La soledad, la oscuridad...

Eso sí. Ellos se libraron de escuchar una entrevista a José María Aznar en un emergente medio liderado por un ponderado luchador por la libertad que una vez fue rojo. Yo no.

jueves 25 de junio de 2009

Tiempo para pensar


No es que no quiera escribir más. Volveré... Supongo. Sigan atentos a sus pantallas, si quieren.

lunes 8 de junio de 2009

Bondad selecta

Es lo bueno de ser bueno. Que tienes bula. Si eres un político de izquierdas no puedes ir de caza con un juez. Si eres de derechas, puedes ir a comer con un juez a un restaurante: no te va a pasar nada. Si eres de izquierdas, no puedes usar coche oficial. Si eres de derechas, sí, hasta para ir a misa o a comprar la paella. Si eres presidente de un partido de izquierdas, no puedes subirte al avión oficial. Si eres de derechas lo usas siempre que quieras, incluso para ir a fiestas con menores en top-less.

Si eres de izquierdas no puedes tener hermanos con despacho ni hijas con bufete. Si eres de derechas, puedes tener maridos con coches nuevos o querer un huevo a gente que no conoces, por no hablar de aquello de estar en política "para forrarse".

Si eres de izquierdas y tienes un problema con la justicia, tus votantes te abandonan. Si eres de derechas y tienes un problema con la justicia, es que te persigue la Inquisición y te vota más gente, para decirte, con cariño, que estos trajes y los que haga falta. Faltaría más. Además muchos votantes de la izquierda se abstienen, hastiados.

Los damnificados por el caso Gürtel y el del espionaje en Madrid, en los que están implicados miembros del PP, incluso de alto nivel, son Baltasar Garzón y Mariano Bermejo. Los beneficiados con más votos que nunca y la participación más alta del país son el PP de Valencia y el de Madrid.

viernes 5 de junio de 2009

La derecha obrera

Dardo, para mí "derecha" es un sinónimo de todos aquellos sectores sociales reaccionarios que se han opuesto siempre a cualquier cambio, a cualquier progreso, porque conservando el status quo de cada momento les iba bien. En ese sentido, si en cada tiempo histórico su posición hubiera salido triunfadora, no seríamos siquiera Oliver Twist, sino que aún formaríamos parte de una sociedad esclavista como la de la antigua Grecia o Roma.

Recientemente, del XIX en adelante, los propietarios descubrieron que un modo de ganar dinero era que los pobres pudieran comprarse zapatos. Hoy nos compramos DVDs y utilitarios. La sociedad de consumo sigue beneficiando, más que a nadie, a quienes más tienen, que no son los asalariados por muy alto salario que tengan, sino los grandes empresarios.

Yo no hablo de lucha obrera en este contexto porque no creo que los avances sociales se deban sólo a esto, que tiene un alto componente mítico. Pero nunca aceptaré que los progresos sociales se deban a la benevolencia del capitalismo occidental, que, si alguna característica tiene es su inmisericordia. No es el capitalismo quien da cobertura social, derechos políticos, subsidios de desempleo, asistencia sanitaria o educación pública gratuita. No es el capitalismo: son los esfuerzos de grupos sociales y políticos progresistas que, derramando sangre (generalmente y de modo especial la suya) durante décadas, han logrado arrancar a la bestia algunos compromisos correctores. Pocos aún.

A esto se le puede llamar lucha obrera, si quieres, pero esto no significa que los del andamio o la fábrica hayan sido guías del cambio. Han sido motor del cambio, que es distinto. Y a esto me refiero, implícitamente, con la entrada anterior. A que la batalla está perdida si los trabajadores deciden apoyar políticamente a los que defienden de modo vergonzante el apoyo a los que tienen más. Una reducción de impuestos no beneficia especialmente a quien paga un 12% de su sueldito pero pierde con ello coberturas sociales que necesita. Beneficia a quien paga más, mucho más. Un sector público más pequeño beneficia a quien más tiene, que no necesita la ayuda del estado y en cambio se encontraría en la tesitura de tener que pagar impuestos para ayudar a otros.

El PP con los parados y la reducción de impuestos, a un tiempo, perennemente en la boca es una paradoja para mí hipócrita y risible. En fin, ¿qué subsidios habría si las políticas anheladas por el capital se hubieran podido implementar en toda su extensión y sin compromiso alguno del XIX en adelante?

lunes 1 de junio de 2009

La radio del andamio: Escuelas Menores

Apago el motor, cortando a la mitad la frase de un anuncio. 96.5 FM, Cadena SER. Hasta hace poco, por estos lares, sólo teníamos a la SER en Onda Media (1026). He dejado el coche en el 2º piso del párking. Hoy no he tenido que bajar hasta el 3º. Será que es lunes y además van quedando menos exámenes.

Salgo a la calle, en dirección al lugar donde trabajo, y veo un andamio a gran altura cerca del Patio de Escuelas Menores (que cruzo cada mañana), edificio construido entre el XV y el XVI por, entre otros arquitectos, Chacón (no la ministra, sino un Pedro, quién sabe si antepasado suyo). Siempre que veo andamios, especialmente en verano o en las mañanas de brutales heladas salmantinas, no puedo dejar de pensar en unas durísimas condiciones de vida que me producen escalofríos. Ocho horas ahí subidos, con sol, calor, frío, lluvia, viento, polvo... Y al día siguiente otra vez.

Según me voy acercando, dándole vueltas a aquello de la especialización en el trabajo, la fortuna de quienes trabajamos calientes en inviernos y fresquitos en verano, etc., percibo que en el andamio hay una radio sintonizada con una tertulia matutina. Y mi mente vuela: conciencia obrera, deseo de mejora, papel de los medios en el despertar de las clases oprimidas. La información básica de un hombre, de un voto...

Es en ese momento cuando descubro que... la voz que me abronca desde una altura de unos treinta metros pertenece a Jiménez Losantos. Varias figuras con mono azul se afanan en los alrededores del andamio y sobre un tejado. Uno silba una conocida melodía.